jueves, 21 de septiembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3454

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3454 ~ Jueves 21 de Setiembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina) 
Alabado sea Jesucristo…
Mi Señor, hoy quiero recordar que tu presencia en mi vida es lo mejor que me pudo haber pasado. Te doy gracias por todas las posibilidades que me has dado en la vida para ser feliz y por los sueños que solo con tu poder y fuerza he podido realizar. Quiero seguirte, consagrarme a Ti y a tu Palabra que es fuente de vida, recibir de ellas la fuerza y el impulso para seguir adelante y derrotar al mal expulsando de mi vida todo aquello que me separa de tu gracia. Sé que también a mí me has llamado, también a mí me has escogido para realizar tus obras de amor y darle al mundo esperanzas y alegría de vivir. Señor, dueño de mi vida, conocerte ha sido el mejor regalo que pude haber recibido. Tú me enseñas el valor de prestarle atención a lo que realmente es importante en esta vida: la compasión y el amor por los que se sienten perdidos y menospreciados. Por eso, te confieso como mi Señor, me presento ante Ti… ¡Aquí me tienes!, valiente y decidido, estoy en tus manos, en las manos del Padre, en la guía poderosa del Espíritu Santo que a diario, con sus inspiraciones, me llena de fortaleza y sabiduría. Confío plenamente en Ti, confío en que, cuando me envías a la misión, ya has puesto sobre mí, toda tu bendición, toda tu fuerza y la asistencia fiel de tus ángeles para vencer toda dificultad y avanzar con valentía por cualquier camino que me toque vivir. Amén. (Píldoras de Fe)

¡Buenos días!

Súplica en el temor
“Ya no temo, Señor, la tristeza, ya no temo, Señor, la soledad;  porque eres, Señor, mi alegría, tengo siempre tu amistad. Ya no temo, Señor, a la noche, ya no temo, Señor, la oscuridad; porque brilla tu luz en las sombras ya no hay noche, tú eres luz”.

Señor, hay nubes en el horizonte. El mar está agitado. Tengo miedo. El recelo me paraliza la sangre. Manos invisibles me tiran hacia atrás. No me atrevo. Una bandada de oscuras aves está cruzando el firmamento. ¿Qué será? Dios mío, di a mi alma: Yo soy tu Victoria. Repite a mis entrañas: no temas, yo estoy contigo (Ignacio Larrañaga).

“Ya no temo, Señor, los fracasos, ya no temo, Señor, la ingratitud; porque el triunfo, Señor, en la vida tú lo tienes, tú lo das. Ya no temo, Señor, los abismos, ya no temo, Señor, la inmensidad; porque eres, Señor, el camino y la vida, la verdad”. Levanta el alma a Dios y él alegrará tu corazón.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores». (Mt 9,9-13)

Comentario
Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo. Él mismo nos cuenta en su Evangelio su conversión. Estaba sentado en el lugar donde recaudaban los impuestos y Jesús le invitó a seguirlo. Mateo —dice el Evangelio— «se levantó y le siguió» (Mt 9,9). Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio.
Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo y que el Nuevo Testamento nos lo presenta como un adúltero, el asesino de Juan Bautista y el que escarneció a Jesús el Viernes Santo. ¿Qué pensaría Mateo cuando iba a rendir cuentas al rey Herodes? La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».
En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).
Rev. D. Joan PUJOL i Balcells (La Seu d'Urgell, Lleida, España)

Santoral Católico:
San Mateo
Apóstol y Evangelista
Nacido en Cafarnaún, era de profesión publicano o recaudador de impuestos cuando Jesús lo llamó. Escribió en arameo el primero de los evangelios, que relata así su vocación. Vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Y a partir de entonces el nombre de Mateo figura entre los Doce elegidos por el Señor. En su evangelio proclama principalmente que Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán, llevó a plenitud el Antiguo Testamento. Por lo demás, poco sabemos de su actividad apostólica y de las circunstancias de su martirio. Se dice que predicó en el Oriente.
Oración: Oh Dios, que en tu infinita misericordia te dignaste elegir a san Mateo para convertirlo de publicano en apóstol, concédenos que, fortalecidos con su ejemplo y su intercesión, podamos seguirte siempre y permanecer unidos a ti con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano

Pensamiento del día

“La alianza nueva que Cristo pactó con su Padre se interioriza por el Espíritu Santo, que nos da la ley de gracia y de libertad que él mismo ha escrito en nuestros corazones. Por eso, la renovación de los hombres y consiguientemente de la sociedad dependerá, en primer lugar, de la acción del Espíritu Santo. Las leyes y estructuras deberán ser animadas por el Espíritu que vivifica a los hombres y hace que el Evangelio se encarne en la historia”. Doc. de Puebla, 199.
 
Tema del día:
Conociendo a San Mateo
San Mateo es llamado por dos evangelistas: Levi, ambos nombres son de origen judíos. El último lo obtuvo antes de su conversión, el otro lo tomo después, para mostrar la renuncia a su profesión y que era un hombre nuevo. Hijo de Alfeo, vivió en Cafarnaun, en el lago de Galilea.

Fue por profesión un publicano, o colector de impuestos para los romanos. Entre los judíos, estos publicanos fueron más infames y odiosos porque esta nación los miraba como enemigos de su privilegio de libertad natural que Dios les había dado, y como personas manchadas por su conversación frecuente y asociación con los paganos, y la esclavización sobre sus compatriotas. Los judíos los aborrecían universalmente, veían sus propiedades o dinero como fortunas de ladrones, les prohibieron su comunión y participación en su actividades religiosas, al igual que de todos eventos de la sociedad cívica y de comercio. Tertuliano esta ciertamente equivocado cuando afirma que solo los gentiles fueron empleados en este oficio sórdido como San Jerónimo demuestra en varios pasajes de los evangelios. Y es cierto que San Mateo fue Judío, aunque un publicano.

Su oficio dice haber consistido particularmente en acumular costumbres de comodidades que vinieron por el Genesareth o Tiberias, y un peaje que los pasajeros pagaban al venir por agua; San Marco dice que San Mateo mantuvo su oficio de cobro de peaje al lado del lago, donde él se sentaba. Jesús, habiendo últimamente curado un paralítico famoso, salió de Cafarnaúm, y camino sobre los bancos del lago o mar de Genesareth, enseñando a las personas que le seguían. Aquí él observó a Mateo que realizaba su trabajo de cobro de peaje a quien llamó a venir y a seguirle. El hombre era rico, disfrutaba de un sueldo lucrativo, era un hombre sabio y prudente, y entendía perfectamente lo que seguir a Jesús le costaría. Pero él no tuvo miramientos y dejó todos sus intereses y relaciones para hacerse un discípulo del Señor. No sabemos si él ya estaba relacionado con la persona o doctrina de nuestro Salvador, especialmente como estaba cerca de Cafarnaúm, y su casa parece haber sido en la ciudad, donde Cristo había vivido por algún tiempo, había predicado y hecho muchos milagros, por lo cual estaba en algún medio preparado a recibir la impresión que el llamado de Jesús había hecho sobre él.

San Jerónimo dice que un cierto aire de majestad brilló en la continencia de Nuestro Divino Redentor, y traspasó su alma y lo atrajo fuertemente. Este apóstol, a la primera invitación, rompió todas ataduras; dejó sus riquezas, su familia, su preocupaciones del mundo, sus placeres, y su profesión. Su conversión fue sincera y perfecta. San Mateo nunca regresó a su oficio porque era una profesión peligrosa, y una ocasión de avaricia, opresión, y extorsión. San Mateo, al convertirse, para mostrar que no estaba descontento con su cambio, pero que lo miraba como su más gran felicidad, entretuvo a Nuestro Señor y sus discípulos en una gran comida en su casa a donde invitó sus amigos, especialmente los de su última profesión, como si esperaba que por medio de la divina conversación de Nuestro Salvador, ellos también quizás sean convertidos.

Después de la ascensión de Nuestro Señor, San Mateo predicó por varios años en Judea y en los países cercanos hasta la dispersión de los apóstoles. Un poco antes de la dispersión escribió su evangelio, o pequeña historia de Nuestro Bendito Redentor. Que la compiló antes de su dispersión aparece no solo porque fue escrito antes de los otros evangelios, sino también porque el Apóstol Bartolomé se llevó una copia con él a la India, y la dejó allí. San Mateo escribió su evangelio para satisfacer los conversos de Palestina. El Evangelio de San Mateo desciende a un detalle más particular y completo en las acciones de Cristo que los otros tres, pero desde el Capítulo V al XIV él frecuentemente se distingue de los otros en la serie de su narrativos, ignorando el orden del tiempo, para que esas instrucciones que tienen más afinidad una con la otra, estén relacionadas juntas. Este evangelista más bien enfoca sobre las lecciones de moralidad de Nuestro Salvador, y describe su generación humana, en que las promesas hechas a Abraham y David respecto al nacimiento del Mesías de su semilla fueron realizados; tal argumento inducía de manera particular a los judíos para que creyeran en él.

San Mateo, después de haber hecho una gran cosecha de almas en Judea, fue a predicar la fe a las naciones bárbaras e incivilizadas del Este. Él era una persona muy devota a la contemplación celestial y llevaba una vida austera, usando una dieta muy rigurosa; pues no comía carne, en vez satisfacía su apetito con hierbas, raíces, semillas. San Ambrosio dice que Dios le abrió el País de los Persas. Rufinus y Sócrates nos dicen que él llevó el evangelio a Etiopía, significando probablemente las partes Sur y Este de Asia. San Paulino menciona que él terminó su curso en Parthia. Venantus Fortunatus relata que él sufrió el martirio en Nudubaz, una ciudad en esas partes. Dorotheus dice que él fue honorablemente enterrado en Hierapolis en Porthia. Sus reliquias fueron traídas al Oeste, el Papa Gregorio VII, en una carta al Obispo de Salerno en 1080, testifica que fueron guardados en una iglesia que tenía el nombre de la ciudad. Todavía están en este lugar.
© Corazones.org

Nuevo vídeo

Hay un nuevo vídeo subido al blog
de "Pequeñas Semillitas" en internet.
Para verlo tienes que ir al final de esta página

Meditaciones
Argentina, al igual que el resto de América Latina, se volvió Mariana al mismo tiempo en que se convirtió a la fe católica, en el siglo XVI. Sus principales santuarios dedicados a María son:
Nuestra Señora de Luján en el Este, Nuestra Señora del Valle, al norte, la Virgen de Itatí en la costa. Pero hay muchos otros porque los argentinos católicos se dedican sobre todo a la Virgen a quien invocan como su Madre.
Un gran número de ciudades argentinas llevan el nombre de María. Entre las más importantes del país; la más grande, Buenos Aires, fundada en 1535, cuyo nombre oficial es "Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires", es decir " Ciudad de Trinidad y Puerto de María del Buen Aire "; Rosario, la segunda ciudad más grande de Argentina, le debe su nombre a la Virgen del Rosario, etc.
La devoción mariana es tan popular en Argentina que tanto las instituciones oficiales del país, como las familias, con frecuencia, eligen a la Madre de Jesús como su Patrona particular; por ejemplo, la Marina, el Ejército de Tierra y del Aire y otras jurisdicciones del Estado...

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Los cinco minutos de María
Setiembre 21
Toda nuestra vida cristiana debe ser mariana, debe estar iluminada y regida por la devoción a María, que estuvo inseparablemente unida a Cristo desde la encarnación hasta la cruz.
Gran error es quedarse en María, sin llegar por su medio a Cristo, como prescindir de la que Él escogió, como Auxilio para su obra de salvación.
Nuestra Señora de las lágrimas, enjuga las nuestras y hazlas meritorias.
* P. Alfonso Milagro 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3453

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3453 ~ Miércoles 20 de Setiembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Al iniciar la jornada, recuerda que cada vida que tocas queda marcada para bien o para mal quizá por una crítica o quizá por un abrazo una simple mirada puede amargarle el día a una persona. Y una sola sonrisa puede despertar esperanza y alegría.  Por eso hoy con cariño te digo...
No digas algo cuando esto no sea constructivo, ni desalientes a alguien en sus anhelos o proyectos.
Trata de marchar por la vida regalando amor a través de sonrisas y actitudes concretas que transmitan el amor que Jesús nos enseñó.
Construyamos un mundo de hermanos, un mundo de paz, un mundo de amor, que sea más fuerte que las guerras, los odios y la violencia.
¡Que tengas hoy un bonito día!

¡Buenos días!

Encontrar la puerta
Todos en una época de su vida tienen que afrontar una decisión importante: ¿qué seré cuando sea grande? Es el planteo del problema vocacional. Resolverlo con acierto es decisivo porque incide en tu felicidad. Para eso debes empezar por conocer tu propia verdad: inclinaciones y disposiciones naturales que te marcan, desde el vamos,  una dirección.

Un pensador ruso que pasaba por una etapa de crisis interior decidió ir a descansar unos días a un monasterio. Allí le asignaron una habitación que tenía un cartelito sobre la puerta donde estaba escrito su nombre. Por la noche no logrando conciliar el sueño, decidió salir a dar un paseo por el imponente claustro. A su vuelta, se encontró con que no había suficiente luz en el pasillo para leer su nombre que figuraba en la puerta del  cuarto. Recorrió el claustro y todas las puertas le parecían iguales. Por no despertar a los monjes, pasó la noche entera dando vueltas por el enorme y oscuro corredor. Con la primera luz del amanecer distinguió al fin cuál era la puerta de su habitación, por delante de la cual había pasado tantas veces a lo largo de la noche, sin advertirlo.

El deambular de ese hombre en aquella noche oscura es una imagen de lo que tantas veces sucede a las personas. Pasan por delante de la puerta que conduce al camino al que están llamados, pero les falta luz para verlo. Esta luz te la dará Dios. Tú, por tu parte, hazte estas preguntas: ¿qué inclinación y aptitudes tengo?, y ¿qué necesidades veo a mi alrededor? De allí saldrá la solución de tu problema vocacional. Que el Señor te proteja y bendiga.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos». (Lc 7,31-35)

Comentario:
Hoy, Jesús constata la dureza de corazón de la gente de su tiempo, al menos de los fariseos, que están tan seguros de sí mismos que no hay quien les convierta. No se inmutan ni delante de Juan el Bautista, «que no comía pan ni bebía vino» (Lc 7,33), y le acusaban de tener un demonio; ni tampoco se inmutan ante el Hijo del hombre, «que come y bebe», y le acusan de “comilón” y “borracho”, es más, de ser «amigo de publicanos y pecadores» (Lc 7,34). Detrás de estas acusaciones se esconden su orgullo y soberbia: nadie les ha de dar lecciones; no aceptan a Dios, sino que se hacen su dios, un dios que no les mueva de sus comodidades, privilegios e intereses.
Nosotros también tenemos este peligro. ¡Cuántas veces lo criticamos todo: si la Iglesia dice eso, porque dice aquello, si dice lo contrario...; y lo mismo podríamos criticar refiriéndonos a Dios o a los demás. En el fondo, quizá inconscientemente, queremos justificar nuestra pereza y falta de deseo de una verdadera conversión, justificar nuestra comodidad y falta de docilidad. Dice san Bernardo: «¿Qué más lógico que no ver las propias llagas, especialmente si uno las ha tapado con el fin de no poderlas ver? De esto se sigue que, ulteriormente, aunque se las descubra otro, defienda con tozudez que no son llagas, dejando que su corazón se abandone a palabras engañosas».
Hemos de dejar que la Palabra de Dios llegue a nuestro corazón y nos convierta, dejar cambiarnos, transformarnos con su fuerza. Pero para eso hemos de pedir el don de la humildad. Solamente el humilde puede aceptar a Dios, y, por tanto, dejar que se acerque a nosotros, que como “publicanos” y “pecadores” necesitamos que nos cure. ¡Ay de aquél que crea que no necesita al médico! Lo peor para un enfermo es creerse que está sano, porque entonces el mal avanzará y nunca pondrá remedio. Todos estamos enfermos de muerte, y solamente Cristo nos puede salvar, tanto si somos conscientes de ello como si no. ¡Demos gracias al Salvador, acogiéndolo como tal!
Rev. D. Xavier SERRA i Permanyer (Sabadell, Barcelona, España)

Santoral Católico:
San Andrés Kim y Compañeros
Mártires en Corea
Este día la Iglesia venera en una misma celebración a los 103 Mártires de Corea que canonizó Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984 en Seúl. Ellos testificaron valerosamente la fe cristiana en aquel país y consagraron con su sangre preciosa las primicias de aquella Iglesia, en distintos lugares y en diferentes fechas de 1839 a 1867. A principios del siglo XVII, desde China, penetró en Corea la fe cristiana, introducida primero por algunos laicos y después alimentada y reafirmada por la predicación y celebración de los sacramentos por medio de los misioneros. En el siglo XIX se sucedieron las persecuciones contra los cristianos y fueron miles los que perdieron la vida por su fe. Entre los canonizados figuran 3 obispos, 8 sacerdotes y 92 laicos; había hombres y mujeres, casados o no, pobres y ricos, ancianos, jóvenes y niños de diversas clases sociales; 10 eran franceses (sacerdotes de las Misiones Extranjeras de París) y 93 coreanos. San Andrés Kim Taegon, hijo de padre mártir, fue el primer sacerdote coreano, y murió decapitado el 16 de septiembre de 1846 en Seúl. San Pablo Chong Hasang, seglar de noble familia, abrazó la fe antes de la llegada de los misioneros, por obra de un grupo laical. Su padre y su hermano mayor dieron la vida por la fe. Asumió con entusiasmo la tarea de catequista e insistió ante la Santa Sede para que enviara misioneros. Fue martirizado el 22 de septiembre de 1839.
Oración: Oh Dios, creador y salvador de todos los hombres, que en Corea, de modo admirable, llamaste a la fe católica a un pueblo de adopción y lo acrecentaste por la gloriosa profesión de fe de los santos mártires Andrés, Pablo y sus compañeros, concédenos, por su ejemplo e intercesión, perseverar también nosotros hasta la muerte en el cumplimiento de tus mandatos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano

Pensamiento del día

“Dedícate  a  observar cada situación o evento que tengas que vivir,
busca el elemento positivo,  resáltalo, valóralo y minimiza lo negativo. 
Esto implica dejar de quejarte, evitar juzgar a otros
y no hablar de una forma pesimista”
- Maytte Sepulveda -

Tema del día:
El cautiverio del Padre Tom
El misionero salesiano indio Tom Uzhunnalil cuenta cómo vivió los 18 meses de cautiverio, secuestrado el 4 de marzo de 2016 por terroristas yihadistas en Yemen, en una entrevista exclusiva para la Agencia de Información Salesiana (ANS). Por su interés la ofrecemos entera

Pregunta: Padre Tom, ¿cómo ha pasado estos 18 meses de secuestro y cómo le han tratado sus secuestradores?
Respuesta: Fue realmente un tiempo muy largo. No hacía otra cosa sino orar. Tuve las piernas y las manos atadas, pero solamente por algunos días. Pasaba el tiempo orando. Oraba por todas las intenciones posibles.
Por lo general dormía, oraba, pensaba en las clases de técnica que solía dar, mentalmente preparaba algunas lecciones… Y por la noche me quedaba dormido. Todos los días transcurrían de esta manera. No tenía ninguna comunicación con el mundo exterior, ni sabía dónde estaba.
Mis secuestradores no me lastimaron ni me torturaron. Me daban de comer tres veces al día. Solamente una vez me preguntaron algunos detalles sobre mi familia, los lugares que había visitado, la gente que conocía… Yo era su prisionero y estaba sentado todo el día en una almohada esponjosa, y cuando me sentía cansado, me dormía un poco o me quedaba dormido. Mis días han pasado de esta manera.

P.: ¿Qué sintió cuando se enteró de la muerte de las religiosas y las otras personas en el ataque en Adén?
R.: Era el 4 de marzo de 2016, era un viernes. Después de la adoración eucarística y la bendición eucarística para las cinco hermanas, desayuné. Luego pasé un tiempo en la capilla, en la oración personal. A las 8.40 am, recién salido de la casa de las hermanas, escuché un disparo y casi inmediatamente después uno de los atacantes me bloqueó las manos. Le dije que era de origen indio. Me puso en una silla, cerca de la sala de seguridad, cerca de la puerta principal del instituto. Las hermanas ya estaban en su trabajo con los ancianos. El jefe de los atacantes fue en busca de las religiosas, que ya estaban trabajando, y volvió con dos de ellas. Luego retornó por las otras dos hermanas, que fueron dejadas en la puerta principal. Nuevamente se fue en busca de la quinta religiosa, pero no la encontraron. Volvió a la puerta principal, donde había dejado a las hermanas, las sacó fuera de la puerta y fuera de mi vista, disparó y las asesinó. Volvió en busca de las otras dos hermanas que estaban muy cerca e hizo lo mismo. Todo sucedió dentro del instituto. Rogué a Dios para que fuera misericordioso con las hermanas y para que tuviera piedad de los secuestradores. En aquel momento no lloré, ni temí a la muerte.
Después de haber cometido el asesinato, me metieron en el maletero del coche, que estaba estacionado cerca del instituto de las hermanas, y me encerraron. Ellos fueron a la Capilla de la comunidad, sacaron el tabernáculo con el Santísimo y lo tiraron en el maletero del coche donde me habían metido. Y me llevaron de esa manera.
Sentí una gran angustia. He rezado a Dios para que fuera misericordioso con las hermanas y con las víctimas, y he orado para que perdonara a los asesinos. Le pedí al Señor que me diera la gracia y la fuerza para aceptar su voluntad y permanecer fiel a Dios, para ser fiel a la misión por la cual Él me ha querido en ese lugar.

P.: ¿Cuánto le ha ayudado la vida de oración y el carisma salesiano en su experiencia de prisionero?
R.: La mayor parte del tiempo, cuando estaba despierto, de día o de noche, estaba dedicado a la oración. Empezaba mi día con el Ángelus, seguido por un Padre Nuestro y una Ave María por cada una de las hermanas asesinadas, y luego continué orando por mi Inspectoría, por la Congregación, por la Parroquia y la familia, recordando a todas las personas e intenciones que podía y orando por todos ellos. También oré por mis secuestradores, pidiendo al Señor que los perdonara y los convirtiera.
No tenía ni vino ni hostias, ni un misal y ni un leccionario, pero celebraba la Misa espiritualmente todos los días. Ofrecía la Santa Misa al Señor todos los días. Para las lecturas, trataba de recordar algunos episodios del Antiguo o del Nuevo Testamento, y del Evangelio trataba de recordar algunos pasajes donde se narraba algún milagro, alguna parábola o episodio de la vida de Jesús; y las meditaba. Tuve tiempo de rezar por los Salesianos muertos, por mi familia, por los feligreses y por todas las personas que conocía. He seguido orando por muchas intenciones.
Oré mucho para que se hiciese la voluntad del Señor, y oré para ser liberado si era la voluntad de Dios. Muchas veces rezaba el rosario. A veces, sin embargo, no podía orar porque hablaban en árabe y no podía concentrarme absolutamente en nada.

P.: ¿Cómo fueron realizados los videos en los que hacía sus peticiones?
R.: Todo estaba bien diseñado por ellos. Me habían dicho de antemano que harían un video con la finalidad de obtener un rescate, y no podía hacer otra cosa que obedecerles. Gritaban y hacían ruidos como si me estuvieran golpeando, pero nunca me hicieron daño. Esperaban que los videos realizados tuvieran como resultado el pago del rescate.

P.: ¿Cómo se siente ahora que está en libertad?
R.: El Señor me ha hecho un gran milagro y me ha dado otra vida. Si me salvó, significa que tiene un plan para mí y quiere que sea su testigo. Quiero dar las gracias a Dios Todopoderoso, a las autoridades de la Iglesia de la India y al Vaticano, a la Congregación Salesiana, a mi familia y a todas las personas que han orado por mi liberación. Gracias a las oraciones de todos, me han salvado la vida.
P.: ¿Cómo se siente después de conocer al Santo Padre?
R.: Esta es otra gracia concedida a causa de mi secuestro. Lloré profundamente delante de él. Compartí mi experiencia con el Santo Padre. Me mostró sus sentimientos, su compasión y su preocupación. Besó mis manos dos veces. Nunca hubiera esperado todo esos gestos. Me han dado una nueva vida. Le pedí al Santo Padre que diera las gracias a todos los que oraron por mí en el mundo.

P.: ¿Cuáles son sus próximos proyectos? ¿Regresará inmediatamente a la India?
R.: En este momento, me siento físicamente débil, pero con las medicinas y la comida empiezo a sentirme mejor. Tengo necesidad de hacerme algunos exámenes médicos y espero volver pronto. Cuando estaba en Adén, pesaba 82 kg; cuando me pesaron después de mi liberación, llegué a pesar 55 kg. Ahora estoy recuperando mi peso normal. Estoy seguro de que estaré bien, porque la gracia de Dios y las oraciones de tanta gente me han ayudado. Para el futuro, no tengo otros planes que hacer la voluntad de Dios, que se expresará a través de mis Superiores en la Congregación Salesiana. Finalmente, regresaré a la India y daré las gracias a todos y me encontraré con toda mi gente, pero esperaré hasta que los médicos den la orden.

Meditaciones
Si en el mundo rige el dicho: “Persevera y triunfarás”, mucho más vale esta máxima para la vida de oración, pues quien persevera todos los días en la oración cotidiana, obtendrá con seguridad la salvación eterna.
Pero no sólo se salvará eternamente quien reza todos los días, sino que también las cosas le irán bien, incluso materialmente, puesto que Dios no se deja ganar en generosidad, y si realmente rezamos bien, en gracia de Dios, y con las mejores disposiciones e intenciones, entonces todo nos irá bien, aunque tendremos que pasar también nosotros las mismas pruebas que pasan todos, con la diferencia que saldremos siempre vencedores de ellas.
Si los hombres supiéramos todas las gracias que recibimos cuando rezamos, no dejaríamos de rezar ni por un instante.
La oración es como un recipiente con el que vamos a sacar piedras preciosas de un tesoro infinito. Y cuantas más veces vamos con nuestro recipiente a buscar el tesoro, tanto más nos enriquecemos. Cada vez que rezamos estamos yendo con ese recipiente a buscar dones maravillosos al Tesoro de Dios mismo.
Pero como estas cosas no se ven con los ojos del cuerpo, ni se palpan con las manos, entonces nos parece que la oración no es útil, y a veces dejamos de rezar, con lo cual perdemos un incalculable tesoro espiritual, y entramos de lleno en la posibilidad de condenarnos para siempre.
Perseveremos en la oración, y cantaremos victoria en la eternidad, y también en este mundo.
© Portal de oración

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio. 
Unidos en oración por nuestros hermanos de México que han sufrido un gran terremoto, y de Puerto Rico y el Caribe por los efectos del huracán María.

Los cinco minutos de María
Setiembre 20
“María es la Virgen oferente, ejemplo para toda la Iglesia en el ejercicio del culto divino.
Bien pronto los fieles comenzaron a fijarse en María, para, como ella, hacer de su propia vida una ofrenda a Dios” (Beato Pablo VI).
“Ofrece tu Hijo, Virgen Sagrada, y presenta al Señor el fondo bendito de tu vientre. Ofrece por la reconciliación de todos nosotros, la víctima santa, agradable a Dios”
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)

martes, 19 de septiembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3452

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3452 ~ Martes 19 de Setiembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Cuentan que un importante señor gritó al director de su empresa, porque estaba enfadado en ese momento. El director llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado, porque había un abundante almuerzo en la mesa. Su esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. La empleada dio una patada al perro porque la hizo tropezar. El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la acera, porque le cerraba el paso.
Esa señora fue al hospital para ponerse la vacuna y que le curaran la herida, y gritó al joven médico, porque le dolió la vacuna al ser aplicada. El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado. Su madre, tolerante y un manantial de amor y perdón, acarició sus cabellos diciéndole: "Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás cansado y necesitas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas, para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor". Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos...
En ese momento, se interrumpió el círculo del odio, porque chocó con la tolerancia, la dulzura, el perdón y el amor. 

¡Buenos días!

Perdonar a todos
Hay que perdonar a todos, incluso a los difuntos. Dice la mística María Simma que un día fue a visitarla un campesino y le dijo:

—  Estoy construyendo un establo y cada vez que el muro llega a cierta altura, se cae. Hay algo extraño y sobrenatural en esto. ¿Qué puedo hacer?
—  ¿Hay algún difunto que tiene algo contra ti, a quién guardas rencor?
—  Oh sí, pensaba que no podía ser sino él. Me hizo mucho daño y no lo puedo perdonar.
—  Él quiere que lo perdones para estar en paz.
—  ¿Perdonarlo yo? ¿A él que tanto daño me ha hecho de vivo? ¿Para que vaya al cielo? No.
—  Pues no te dará reposo hasta que lo hayas perdonado de corazón. ¿Cómo puedes decir en el Padrenuestro: “Perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”? Es como si dijeras a Dios: No me perdones como yo tampoco perdono.

El hombre se quedó pensativo y dijo: Tienes razón. En nombre de Dios lo perdono para que Dios me perdone también a mí. Desde ese día, no tuvo más problemas con el establo y pudo tener paz y amor en su corazón.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores». Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: «Joven, a ti te digo: levántate». El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina. (Lc 7,11-17)

Comentario:
Hoy, dos comitivas se encuentran. Una comitiva que acompaña a la muerte y otra que acompaña a la vida. Una pobre viuda, seguida por sus familiares y amigos, llevaba a su hijo al cementerio y de pronto, ve la multitud que iba con Jesús. Las dos comitivas se cruzan y se paran, y Jesús dice a la madre que iba a enterrar a su hijo: «No llores» (Lc 7,13). Todos se quedan mirando a Jesús, que no permanece indiferente al dolor y al sufrimiento de aquella pobre madre, sino, por el contrario, se compadece y le devuelve la vida a su hijo. Y es que encontrar a Jesús es hallar la vida, pues Jesús dijo de sí mismo: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11,25). San Braulio de Zaragoza escribe: «La esperanza de la resurrección debe confortarnos, porque volveremos a ver en el cielo a quienes perdemos aquí».
Con la lectura del fragmento del Evangelio que nos habla de la resurrección del joven de Naím, podría remarcar la divinidad de Jesús e insistir en ella, diciendo que solamente Dios puede volver un joven a la vida; pero hoy preferiría poner de relieve su humanidad, para que no veamos a Jesús como un ser lejano, como un personaje tan diferente de nosotros, o como alguien tan excesivamente importante que no nos inspire la confianza que puede inspirarnos un buen amigo.
Los cristianos hemos de saber imitar a Jesús. Debemos pedir a Dios la gracia de ser Cristo para los demás. ¡Ojalá que todo aquél que nos vea, pueda contemplar una imagen de Jesús en la tierra! Quienes veían a san Francisco de Asís, por ejemplo, veían la imagen viva de Jesús. Los santos son aquellos que llevan a Jesús en sus palabras y obras e imitan su modo de actuar y su bondad. Nuestra sociedad tiene necesidad de santos y tú puedes ser uno de ellos en tu ambiente.
+ Rev. D. Joan SERRA i Fontanet (Barcelona, España)

Santoral Católico:
San Genaro de Benevento
Obispo y Mártir
Fue obispo de Benevento (Campania, Italia). A principios del siglo IV, hacia el año 305, durante la persecución de Diocleciano, sufrió el martirio juntamente con otros seis cristianos en Pozzuoli, cerca de Nápoles, donde se le tiene una especial devoción. Tenemos pocos datos históricos de su vida. Según la tradición, después de que sufriera en vano otros tormentos, fue decapitado en el estadio de Pozzuoli, y su sangre, recogida en dos ampollas, fue trasladada a Nápoles junto con el cuerpo del santo. El culto a san Genaro se ha acentuado por el fenómeno, atestiguado desde finales del siglo XIV, de esa sangre que se licua normalmente cuatro veces al año en diversas fechas.
Oración: Tú que nos concedes, Señor, venerar la memoria de tu mártir san Genaro, otórganos también la gracia de gozar de su compañía en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano

Palabras del Papa Francisco
 
“Cuanto más Jesús ocupa el centro de nuestra vida,
más nos hace salir de nosotros mismos
para acercarnos a nuestros hermanos”

Historias:
Una muerte santa después de una mala vida

Una casa de religiosos de la Compañía de Jesús... Llaman telefónicamente desde la Prisión Militar en la noche del 5 de diciembre de... hace pocos años.
– Padre, ¿podrá usted acudir?
– ¿Es urgente?
– Sí, Padre. Venga en seguida...
Llego a la prisión. Un oficial de la guardia exterior me acompaña hasta una habitación poco iluminada. Entro, y veo al sentenciado, que aparece abatido y hunde el rostro en el pecho. Levanta tristemente la mirada hacia mí y hace un gesto significativo de que no le soy grato.
Le saludo; corresponde fríamente y exclama: “No necesito sus servicios”.
– ¿Quiere que le acompañe en esta hora difícil?
– No, gracias; déjeme en paz. No me amargue lo poco que me queda de vida.
– ¿De dónde es usted?
– De Zaragoza.
– ¿Tiene usted familia en la ciudad?
– Sí, señor.
– ¿Puedo servirle a usted para transmitir sus últimos deseos?
– He dicho a usted que me deje tranquilo. ¡Váyase!
– ¿No necesita nada?
– Por medio de usted, no.
– Yo quisiera ayudarle en este amargo trance, con la esperanza de una vida que no muere...
– ¡Déjese de cuentos!
Hubo una breve pausa.
– ¿Tiene usted madre?
– Sí, señor.
– ¿Quiere usted algún recuerdo especial para ella?
– ¡Bastante pena ha de tener cuando sepa mi muerte!...
Quedó pensativo. El tiempo avanzaba.
– Faltan unos minutos –le digo–. Vamos a ganar el cielo... Pidámoselo a Dios... ¿Sabe usted alguna oración?... ¿El Padrenuestro?
– No, señor. Jamás me preocupé de eso.
– No importa. Podemos decirlo ahora los dos juntos.
– ¡No insista! Quiero que me deje en paz ya.
– Ánimo, amigo mío. En un minuto nada más ganamos el cielo... ¿No sabe usted rezar nada? ¿No le enseñó su buena madre ni siquiera el Avemaría?...
Aquel hombre, hasta entonces abatido y hosco, levanta su cabeza, me mira de frente, desfrunce el ceño y, en tono natural y casi amistoso, me dice:
– El Avemaría, sí...
– ¿Ah, sí? –exclamo ansioso, vislumbrando el faro de salvación.
– Mire usted: tenía yo unos catorce años, y hasta esa fecha había vivido con mi madre, que es muy buena. Pero deseoso de libertad, y empujado por mis amistades, quise apartarme de la autoridad de mi madre y correr por el mundo. Y decidí marcharme de casa... Al decírselo a mi madre le causé un gran dolor, y el día de la partida echó, llorando, sus brazos a mi cuello; me llenó de besos la cara, y me dijo: “Hijo mío, puesto que no desistes de tu idea y te vas, te voy a pedir el último favor: quiero que me hagas una promesa. ¿Serías capaz de negársela a tu madre?”.
– No, madre; dime qué es lo que quieres (y para apresurar la despedida, añadí): Te juro que cumpliré la promesa.
– Pues lo que te pido, hijo mío, es que me prometas rezar a la Virgen todos los días tres Avemarías.
– Te lo prometo, dije. Y me fui...
Otro corto silencio. Luego continuó:
– He viajado mucho. Mi vida fue azarosa... No obstante, Padre, he cumplido todos los días la promesa que hice a mi madre.
– ¿Es posible? –le pregunté, conmovido.
– Sí, señor; ayer, en la cárcel, y esta misma noche, recé las tres Avemarías.
Y transformado por este bendito recuerdo mi interlocutor, y animado el acento de su voz, a la vez que asomaba a su rostro una leve sonrisa, agregó:
– Padre, yo no sé qué íntimo alborozo siento en estos instantes... Yo noto algo tan extraño en mi interior, que pienso que la Virgen me quiere salvar... ¡Padre, ayúdeme; confiéseme!...
Unas lágrimas brotan de sus ojos... Y de sus labios van saliendo estas palabras: “Creo en Dios...”. “Pésame, Señor, de haberos ofendido...”.
– ¿Quiere usted recibir la Sagrada Comunión por Viático?
– Pero, ¿podré, Padre?...
Sobre mis rodillas extendí el corporal, saqué la cajita–copón... Lloraba él, y yo no podía contener mi emoción.
Ecce Agnus Dei... “He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo...”. Y le dije:
– Diga usted conmigo: “Señor, no soy digno de que entréis en mi pobre morada...”. Y terminé diciendo: “El Viático del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo te defienda del maligno enemigo y te lleve a la vida eterna. Amén.”
Sobre los corporales cayeron lágrimas del penitente; y los centinelas se estremecieron ante la escena...
La llegada de un refuerzo de la guardia nos advirtió lo inminente del terrible desenlace.
Rogué a mi confesado que dijese: “Señor y Dios mío, acepto con ánimo conforme la muerte que me enviéis, con todas sus penas y dolores”
Dicho esto se puso en pie y, levantando la cabeza, dijo: “Padre, vamos; ya estoy dispuesto...”
Y comenzamos a caminar hacia el lugar de la ejecución.
Seguidamente me tomó el crucifijo, y ante el mismo me hizo las últimas confidencias y encargos:
– Padre, escriba a mi esposa diciendo que me despido de ella, pidiéndole con toda mi alma que me perdone lo mucho que la hice sufrir en la vida... A mis hijos, que son aún pequeños, incúlqueles que no sean como el padre, que no sigan sus ejemplos; que sean fieles cristianos y buenos siempre con su madre, sin abandonarla nunca... Y, por último, Padre –estábamos llegando al sitio en que la sentencia había de ser ejecutada–, me ha dicho usted si quiero algo para mi madre. ¡Sí, desde luego! A mi buenísima madre no deje de decirle que le agradezco inmensamente que me hubiera hecho prometerle, al separarme de su lado, rezar a la Virgen todos los días las tres Avemarías; y que ahora su hijo muere con el íntimo consuelo de sentir que la Virgen le salva y lleva al cielo.
– Le prometo hacer cuanto me ha encomendado... Y bese el crucifijo y diga: “Jesús, ten misericordia de mí”... “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”... “María, Madre mía, sálvame”...
Se oyeron unos disparos de fusil...; se desplomó su cuerpo, y... el manto de la Madre celestial lo cobijó... Eran las primeras horas del día 6 de diciembre, antevíspera de la Inmaculada.
© Sitio Santísima Virgen

Meditaciones
Cuando vemos la insistencia del demonio en tentarnos contra la pureza, sus acechanzas para hacernos caer en pecados carnales, nos asombramos mucho. Pero no hay por qué asombrarse pues el demonio sabe muy bien que con el pecado impuro desmantela el alma.
Fue la primera tentación que el diablo empleó con Jesús en el desierto, pues la tentación del pan fue una figura de la tentación de todas las hambres, especialmente del hambre impura.
Y si reflexionamos que la Santísima Virgen ha dicho en Fátima que los pecados que más almas llevan al Infierno son los pecados de la carne, entonces entendemos un poco más porque el demonio está tan entusiasmado en tentar a los hombres de esta manera.
Cuando dejamos entrar la impureza en nuestra vida, se va desmantelando todo el edificio espiritual, y hasta el cuerpo se corrompe, pues dice la Escritura que quien peca con la carne, en la misma carne tiene su castigo.
Reflexionemos en estas cosas y detengámonos a pensar cómo andamos nosotros en materia de pureza, porque hoy los medios de comunicación social, en especial la televisión, hacen de todo para que no podamos fácilmente conservar esta virtud tan amada por Dios y por la Virgen, y que nos abre la puerta al conocimiento de Dios y de las cosas de Dios.

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio. 

Pedimos oración para Sergio, de la provincia de Buenos Aires, Argentina, afectado de cáncer en la sangre. Actualmente está internado para una quimioterapia fuerte como etapa de preparación para un futuro trasplante de médula ósea. Que el Señor lo fortalezca y lo ayude a superar toda esta difícil situación con fuerzas físicas y espirituales. 

Pedimos oración para que Dios Nuestro Señor proteja el viaje de Mary, de la provincia de Córdoba, que se desplaza a USA a visitar familiares en zonas de huracanes.

Pedimos oración para Leda D. H., de Bogotá, Colombia, que se encuentra muy delicada debido a un problema posoperatorio de una hernia inguinal como consecuencia de una mala fuerza que hizo; rogamos al Señor que ojalá no tengan que intervenirla nuevamente, y que si el diagnóstico conduce a ello, sea lo más favorable posible. Tenemos fe que con la intercesión de nuestra Señora de Lourdes, el Señor Jesucristo le dará a Leda el don de la salud.

Continuamos unidos en oración por medio del rezo del Santo Rosario poniendo en Manos de Nuestra Madre Bendita todas nuestras preocupaciones, alegrías y necesidades, poniendo al mundo entero en Manos de nuestra Madre y pidiéndole a Ella paz para el mundo, al rezar por la paz; rezamos por todo, por la paz en el mundo, en los corazones, porque la violencia sea desterrada, por la paz para los niños que están en peligro de ser abortados.  Paz para los jóvenes que no encuentran el camino, paz para los deprimidos. Paz para los que no han tenido la dicha de conocer al Amor. En fin rezamos por la paz, y sigamos haciéndolo.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Los cinco minutos de María
Setiembre 19
Su opción por Cristo no le hizo a María la vida más fácil; por el contrario, se la complicó: ella llevaba clavada una espada en su Corazón…
Su ejemplo debe hacernos desconfiar de nuestra pretendida devoción, si seguimos tranquilamente instalados, sin preocuparnos de los demás. Nada más opuesto a la verdadera devoción que el apego obsesivo a la comodidad, que nos impide entregarnos a Dios y a los hermanos.
Nuestra Señora del Amén, que abrazaste plenamente la voluntad salvífica de dios, recuérdame tu sí cada vez que deba sufrir por amor.
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)